La falla Mercado de Castilla ha comunicado este lunes el fallecimiento de Antonio Platero, uno de sus grandes emblemas y una figura que atravesó dos capítulos muy distintos de la fiesta: el crecimiento de una comisión de barrio y el final del proyecto más ambicioso que ha conocido Nou Campanar. La muerte ha sido inesperada: el sábado, Platero estuvo con normalidad en el casal, su segunda casa.

«Qué difícil va a ser bajar y que tú no estés», escribía la comisión en sus redes sociales. Aunque ya no ocupaba la presidencia, seguía siendo la comisión en toda la extensión de la palabra.

Platero llevó las riendas de Mercado de Castilla durante una decena de ejercicios en el último tramo del siglo pasado. Fue la etapa en la que la falla empezó a tener visibilidad: llegó su estreno en el concurso de belenes y, sobre todo, cambió la mirada sobre el monumento. Después de unos primeros años ochenta más vacilantes, los premios de falla comenzaron a multiplicarse. Cuando dejó la presidencia siguió vinculado a distintas directivas.

El último de Nou Campanar

Su nombre también quedó unido al proyecto que Juan Armiñana puso en marcha en Nou Campanar, el que durante un tiempo fue el gran laboratorio de la fiesta y el que llegó a plantar el monumento más alto de la historia de las Fallas. Armiñana lo incorporó precisamente por su conocimiento del mundo fallero. Cuando llegaron las vacas flacas y muchos salieron o se marcharon, Platero aceptó la presidencia para intentar salvar lo que quedaba.

No hubo manera. Le tocó afrontar el último episodio: la falla experimental que se fue al suelo y, ya sin estructura, la firma de la disolución de la comisión. Por eso se le conocía como «el último de Nou Campanar». Después regresó a Mercado de Castilla —nunca se había ido del todo— y también pasó por la Junta Central Fallera.

La comisión cerró su mensaje con el compromiso de mantener viva su esencia: «Dejas una huella imborrable en todos nosotros».

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